Me acostaba
con la idea de despertar cuando oyera las trompetas que anunciarían su llegada. Pero me vencía el
sueño y siempre me despertaba al amanecer y
al ver los regalos que habían dejado se me olvidaba el deseo de ver a los reyes.
Una vecina
nuestra que estaba siempre en casa nos decía que no había reyes que era mentira
y que no nos dejarían nada. Mi madre con dulzura la desmentía diciéndonos que no
hiciéramos caso a la señora Juana ( así
se llamaba la incrédula vecina) Que como era ya mayor se le había olvidado, que sí, que había
reyes.
Llegó la mañana tan esperada por todos y la alegría inundó la casa al ver los juguetes y los canastitos llenos de
caramelos. A uno de mis hermanos
le dejaron un caballito de cartón que al verlo gritó eufórico .
¡Y decía la
señora Juana que no había reyes!








