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jueves, 29 de noviembre de 2007

LAS MIGAS




Algunos domingos de invierno, se levantaban mis padres temprano para hacer las migas, en cuanto los oía, me levantaba y me ponía a su lado, alrededor de la lumbre, sentada en una silla pequeña.

Mi madre preparaba los utensilios que se iban a necesitar.

Observaba como con gran esmero mi padre, que era el que las hacía, troceaba el pan, Después calentaba agua con sal y se la echaba aplastándolo con la paleta y dejándolo que se esponjara.

Ponía una sartén al fuego con un poco de aceite y freía bastantes ajos enteros, sin pelar y haciéndole un corte.

A continuación echaba el pan y entonces sin dejar de mover, lo iba cociendo y de vez en cuando lo aplastaba como si fuera ha hacer una tortilla y entonces cogiendo la sartén por el mango le daba la vuelta en el aire. Esto a mí me encantaba, pues me mantenía en suspenso hasta que caía de nuevo en la sartén.

Mis hermanos habían ido llegando a la cocina conforme se habían ido levantado y todos juntos esperábamos a que nuestro padre terminara de hacer las migas para comerlas.
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Una vez hechas, las ponía fuera de la lumbre, encima de las estrevez y entonces todos alrededor de la sartén, las comíamos acompañadas de chorizo y morcilla hecho en casa. Este era de vez en cuando nuestro desayuno.

Los demás días desayunábamos tostadas con aceite y café de cebada con leche.

Ahora a los niños no les gustan estas comidas, entonces era lo que conocíamos y los que podíamos comerlas éramos unos privilegiados.
Eran los años de la posguerra...

sábado, 17 de noviembre de 2007

EL VOLUNTARIADO




Hoy quiero transmitir a quien me lea la satisfacción que se siente al dedicar unas horas de nuestro tiempo a hacer algún tipo de voluntariado.

Estoy desde hace tiempo dedicando, una mínima parte de mi tiempo libre, a trabajar como monitora en un grupo de Señoras mayores.

He recibido y recibo mas satisfacciones personales, que el trabajo que hago, por eso os invito a dedicar un poquito de vuestro tiempo libre, a trabajar como voluntario /taria, hará que te sientas útil, además de sentirte importante. También es la mejor terapia para superar cualquier situación traumática que se viva, como en su día lo fue para mi,

Esto lo recomiendo lo mismo a los jóvenes, que a personas mayores, todos tenemos algo que puede ayudar a mejorar con nuestra compañía y cariño a personas que lo necesitan.

P: D. Gracias por visitar mi Blog y comentar

jueves, 1 de noviembre de 2007

AMISTAD

Nuestra amiga Concepción

Era ocho años mayor que yo, la recuerdo desde que yo tenía tres años. En el escrito que publiqué titulado FLASHES EN MI MEMORIA (dije que algún día hablaría de ella, ahora lo hago) Vivía frente a la parte trasera de nuestra casa, cuando íbamos a verla entrábamos al corral y salíamos por la puerta falsa ( llamábamos así a la puerta trasera de la casa) frente, a unos metros, estaba su casa. Era sencilla pero estaba siempre muy limpia. Tenía dos habitaciones y el portal que servía de comedor. El suelo era de tierra ( como en bastantes casas del pueblo), se pintaba de “ polvos coloraos” y nogalina así los pedíamos cuando íbamos a comprarlos, a la tienda de ultramarinos, (Estas tiendas, eran como los colmados de Barcelona)
En el patio había un peral que daba unas peras muy dulces. Concepción siempre nos las daba a probar.
En esta casa que acabo de describir, vivía nuestra amiga con sus padres y dos hermanos varones, que trabajaban junto a su padre de jornaleros en el campo. Nuestra amiga fue a la escuela. Su familia hizo todo lo posible para retrasar su salida a trabajar en el campo. Solo había esta opción para sobrevivir, por eso todos los pueblos agrícolas se quedaron vacíos al emigrar sus habitantes a zonas industriales, como Barcelona, Bilbao y otras más.
Concepción era como de nuestra familia, cuidaba de nosotros voluntariamente, con ella nos sentíamos felices. Un día fuimos de excursión a ver el nacimiento del Guadalquivir y como de costumbre nos acompañó. Recuerdo que estaba continuamente pendiente de nosotros en especial del mayor de mis hermanos.
Se casó con un chico muy bueno y trabajador, fueron de los primeros que salieron del
pueblo en busca de un trabajo mejor que el del campo, escogieron Manlleu (Gerona) para vivir, pues tenían familia allí, también del pueblo, que habían venido antes.
Tuvieron dos hijos, un niño y una niña.
Nosotros vinimos unos cuantos años después a Barcelona. Nunca perdimos el contacto, siempre estuvo a nuestro lado lo mismo en los momentos felices que en los tristes. Parecía que presentía cuando necesitábamos su compañía pues siempre antes de recibir nuestra llamada, venía a vernos, sin saber que la echábamos de menos. Él verla a nuestro lado era nuestro orgullo y consuelo.
Hace unos dos años nos llamó su marido para comunicarnos que su hija, había muerto de infarto, y que nuestra amiga estaba en el Hospital. Al momento sentimos un gran deseo de abrazarla yo en especial pues por experiencia savia por lo que estaba pasando así que todos estuvimos de acuerdo en ir a verla. Fuimos cuatro de los cinco hermanos que eramos pues el pequeño hacía tiempo que había fallecido.
Su marido y su hijo nos acompañaron al Hospital cuando nos vio su cara se iluminó con la sonrisa y alegría que siempre nos había regalado.
Nos abrazamos sintiéndonos hermanas en el mismo dolor.
Nos comentó su enfermedad y la muerte repentina de su hija, todo lo refería con resignación cristiana y sin dejar de sonreír. Como queriendo darle a sus niños como ella nos llamaba una lección de entereza ante las contrariedades de la vida.
Después recordó anécdotas de cuando éramos pequeños, que nosotros no sabíamos.
Poco tiempo después nos llamó su nieta diciéndonos que había muerto.
Nos dejo el recuerdo de su fuerza para vivir la vida con ilusión, a pesar de los obstáculos que encontró en su camino y sobre todo la sonrisa y alegría que la caracterizaban.